Todo en Grecia era bueno, hasta que apareció el demonio que acabó con las actitudes heroicas de las poesías de Homero, que promulgó la conmiseración, la humildad y la ética de amor y resignación: Sócrates.
En mi consideración, la metafísica es la invención de un mundo racional y la desvaloración de lo opuesto a ese mundo racional. Sócrates defiende pobremente aquella en la que se habla de “entidades racionales” como esencia, Dios, alma,…En definitiva, pura ficción del mundo real. Nos vende una idea de un mundo que parece ser que solo vive él mismo.
La metafísica que defienden tanto meramente se refiere a dos aspectos erróneos:
El origen psicológico, que nos envuelve en estupideces como un Mundo Verdadero o Eterno, en el cual quieren engañarnos y hacernos la idea de algo que no existe, ni existirá, es decir, se presenta la inmoralidad en los rostros de nuestros queridos pensadores Sócrates y Platón.
Por otro lado, se encuentra la influencia gramática, que da una visión equívoca de aquello que se nos plantea en nuestra rutina. Las frases se plantean de forma sujeto más predicado, es decir, se estructuran de una forma predeterminada que no puede ser cambiada, si no, la frase dejaría de cobrar sentido. ¿Eso creéis? ¿Acaso no podemos cambiar aquello que nos imponen? ¿Debemos de vivir según los demás nos estructuren la vida? ¡Más tonterías!
Por último, y a su vez, el primer paso erróneo de Sócrates, fue plantearse lo bueno y lo malo en la vida. El logro fue uno muy claro: suprimir pasiones y, por tanto, encontrarlas como perversas, como una mera deformación del hombre quien no debería dejarse gobernar por otra cosa que no fuera su razón.
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